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EL ROL DE LA LITERATURA EN LA FORMACIÓN DE LOS NIÑOS.

Investigaciones han mostrado efectos beneficiosos de la buena literatura de ficción sobre las capacidades de las personas

 para identificar los estados subjetivos emocionales y cognitivos de otros.

Las sociedades avanzan desde hace décadas en la implementación de instrumentos de medición como Simce, Pisa, Timss, que permiten contar con estándares para determinar el logro en conocimientos y habilidades de estudiantes de distintas edades, proporcionando a la vez información sobre la evolución de las políticas educativas en diversas áreas. En un terreno mucho más concreto, padres, madres y establecimientos educacionales debieran preguntarse constantemente si la educación formal e informal a la que niñas y niños son expuestos es perfectible. Tal interrogante sería pertinente en conversaciones familiares o de las comunidades educativas cuando se aborda el manido tema de la calidad. Para responder esa inquietud, resulta preciso advertir de partida que la educación no está restringida a las variables o contenidos que midan dos, tres o los instrumentos que sean. Si así fuera, difícilmente podría aseverarse que el goce estético o responder una consulta en plazos oportunos formen parte de una buena educación.

En esa línea, la reflexión propia y colectiva sobre qué acciones posibilitan perfeccionar la educación de niñas y niños debiera conducir a una consecuente responsabilidad de los actores involucrados. Esta -lo he sugerido antes- puede evidenciarse en conductas específicas de padres y profesores, cuyo efecto es crítico en la formación de las personas. Asistir a una función de teatro o un concierto de música clásica, evitar consentir cada petición de los niños, pueden ser acciones (u omisiones) totalmente concretas que contribuyen al control de impulsos, adecuación social y tolerancia a la frustración. Por otro lado, educar la empatía es crucial en un mundo que cotidianamente acicatea prejuicios y estereotipos. He comentado que diversas investigaciones han mostrado efectos beneficiosos, al menos en el corto plazo, de la buena literatura de ficción sobre las capacidades de las personas para identificar los estados subjetivos emocionales y cognitivos de otros. Así, proveer buena literatura a nuestras hijas e hijos también es una forma de fortalecer su educación.

El crítico literario Harold Bloom sostiene en la introducción a una compilación de obras literarias que éstas ofrecen deleite a niños de todas las edades, pues no hay nada difícil ni oscuro en ellas. Además, plantea que si alguien encontrara en dicha recopilación algún texto que no comprendiera de inmediato, debiera esforzarse para descubrir una capacidad todavía no utilizada de su propio potencial. No hay que equivocarse hacia dónde empujamos aniñas y niños. Ejercitar su adecuación social, su empatía, su resignación y perseverancia, fortalecerá su carácter. Proporcionarles a Carroll, Stevenson, Gógol, les facilitará el camino para llegar al goce estético de Austen, Nabokov, Shakespeare.

Advance USS como formador de Pedagogos en Educación Diferencial busca que estén informados, y descubran distintos puntos de vista que influencien de manera positiva en su formación. Cuéntanos en los comentarios qué te pareció esta nota.

Horacio Salgado Fernández

Director carrera de Psicología, sede Concepción

Universidad San Sebastián

Vea la columna en diario El Sur